La torre de los tres pisos magicos
Audio Type:
story
Language:
Transliterated Title:
La torre de los tres pisos magicos
English Title:
The Magical Towers
Audio File:
Duration:
5:03
Transcript:
La torre de los tres pisos mágicos
Noa vivía en un pueblo pequeño, rodeado de campos verdes. Le gustaba explorar. Siempre preguntaba "¿por qué?" a todo.
Un día, mientras paseaba cerca del río, vio algo entre los árboles. Era una torre alta y vieja. Tenía las ventanas oscuras. Noa nunca la había visto antes.
—¿Qué habrá dentro? —dijo en voz baja.
La puerta estaba abierta. Noa entró.
Dentro hacía calor. Mucho calor. Las paredes del primer piso brillaban en color naranja. En el centro, una bolita de luz flotaba despacio. Era pequeña, redonda y saltaba sin parar.
—¡Hola! —dijo la bolita—. Soy Llama. Vivo aquí desde hace mucho tiempo.
—¿Por qué hace tanto calor? —preguntó Noa.
—Porque yo soy calor —dijo Llama—. Pero estoy triste. Mi calor no va a ningún sitio. Se queda aquí, quieto. Y el calor necesita viajar.
—¿Viajar? ¿A dónde?
—Siempre hacia donde hace frío. El calor busca el frío. Así funciona.
Noa subió las escaleras hasta el segundo piso. Allí hacía fresco. Las paredes eran azules y blancas. Otra bolita de luz flotaba despacio. Esta era azul y se movía con calma.
—Soy Brisa —dijo con voz suave—. Aquí todo está frío. Pero no es malo. El frío es solo un lugar que espera recibir calor.
—Llama dice que el calor quiere venir aquí —dijo Noa.
Brisa sonrió.
—Sí. Pero no nos hablamos. Cada una vive en su piso. Solas.
Noa pensó un momento. Si el calor busca el frío, ¿por qué no se juntan? Subió al tercer piso. Allí todo estaba gris. En el centro había una rueda grande. No se movía. No brillaba.
—Soy Gira —dijo la rueda con voz apagada—. Antes daba vueltas. Pero ya no puedo. Me falta algo.
—¿Qué te falta?
—Energía. Necesito que alguien me ayude a moverme. Pero aquí no hay nada.
Noa bajó corriendo al primer piso.
—¡Llama! ¿Y si subes al segundo piso? Brisa te espera. El calor puede ir hacia el frío, ¿verdad?
Llama tembló de emoción.
—¡Es verdad! ¡Puedo viajar!
Noa cogió a Llama con cuidado. Subió al segundo piso. Cuando Llama y Brisa se tocaron, algo pasó. El aire entre las dos empezó a moverse. Una brisa tibia subió por las escaleras como un remolino suave.
Las dos subieron juntas al tercer piso. El aire tibio llegó hasta Gira. La rueda tembló.
Luego giró despacio. Una vez. Dos veces. Tres.
Pero no era bastante.
Noa miró sus manos. Estaban calientes. Siempre lo estaban. Puso sus manos sobre la rueda, junto a Llama y Brisa.
Gira empezó a girar más rápido. La sala gris se llenó de luz dorada. La torre entera despertó. Las paredes brillaron.
Una música suave sonó desde algún lugar.
—¡Mi calor también sirve! —dijo Noa con los ojos muy abiertos.
—¡Claro! —dijo Llama—. Todo lo que está vivo tiene calor dentro. Y el calor siempre puede hacer cosas si lo comparte.
Brisa añadió:
—Solas no podíamos hacer nada. Juntas hacemos que todo se mueva.
Gira daba vueltas feliz. Con cada giro, la torre brillaba más.
Noa bajó las escaleras despacio. Antes de salir, miró hacia arriba. La torre ya no estaba oscura. Las ventanas tenían luz naranja, azul y dorada.
Caminó hacia su pueblo con las manos todavía calientes. Sonreía.
Aquella noche, Noa puso la mano sobre su pecho. Notó su calor. Y supo que por dentro llevaba un poco de torre, un poco de Llama, un poco de Brisa y un poco de Gira.
Porque el calor siempre busca a alguien con quien compartirse. Y cuando lo encuentra, todo empieza a girar.