El cocodrilo y el mono
Audio Type:
story
Language:
English Title:
The Crocodile and the Monkey
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Duration:
7:51
Transcript:
Este cuento se llama “El cocodrilo y el mono”, un cuento tradicional de La India, adaptado en inglés por LibraryCall, traducido en español por Lorena Romero, y leído por Daniel Fernando. Esta es una grabación y traducción de LibraryCall.
Érase una vez un río enorme que era igual de profundo como lo era ancho. En este río vivía un cocodrilo. No se si has visto un cocodrilo, pero son muy largos, el doble del tamaño de tu cama. Están llenos de duras escamas verdes y amarillas. Tienen hocicos planos y anchos, y mandíbulas enormes con cientos de dientes agudos.
Este cocodrilo en particular se acostaba en el lodo todo el día, con la mitad de su cuerpo bajo el agua, casi sin moverse. Pero si cualquier animalito se acercaba, el cocodrilo brincaba, abría su mandíbula enorme, y se lo tragaba. Y si tu te le hubieras acercado, también te hubiera tragado fácilmente.
A la orilla del río enorme vivía un mono. El se pasaba todos los días trepando árboles y comiendo frutas. Llevaba tanto tiempo comiendo de ahí que ya casi no quedaba fruta en los árboles.
Y así pasó que la hija del cocodrilo notó al mono. Un día, se puso a llorar sus lágrimas de cocodrilo. El sonido de las lágrimas cayendo al agua despertó al señor cocodrilo, quien volteo la cabeza para ver que era el problema.
“¿Por qué, hija?”, le preguntó. “¿Por qué lloras?”
“¡Porque tengo hambre!”, se quejó ella.
“Esta bien, hija. Espérate un ratito. Si los dos somos muy callados, podré atraparte algo.”
“¡Pero yo quiero el corazón de ese mono!”, dijo su hija, y otra vez se puso a llorar.
“Ánimo”, dijo el señor cocodrilo. Él quería mucho a su hija, y le hubiera secado las lágrimas, pero no tenía pañuelos de papel. “Voy a ver que puedo hacer”.
El señor cocodrilo se acostó en el lodo y se puso a pensar. Pensó y pensó por una hora entera. Es que, aunque era muy grande, él no era muy inteligente. Finalmente, suspiró fuerte, ya que tenía un plan. Encontró un lugar donde esperar, justo debajo del árbol donde el mono se estaba columpiando con su cola.
“¡Monito!”, llamó el cocodrilo, en la voz más suave que pudo. No es muy fácil aparecer gentil cuando uno tiene una mandíbula enorme llena de dientes afilados. El cocodrilo nunca le había hablado antes, así que el mono estaba sorprendido.
“¡Monito, mi amigo!”, le dijo el cocodrilo otra vez.
“Este…dígame, señor Cocodrilo” respondió cuidadosamente.
“Estoy seguro de que tienes hambre. Noté que te has comido toda la fruta de estos árboles. ¿Por qué no intentas comer de los árboles al otro lado del río?”, dijo el cocodrilo. “¡Me di cuenta que hay bastantes mangos y ciruelas por allá!”.
“Gracias por avisarme”, respondió el mono. “¡Pero no hay manera de que pueda cruzar un río tan grande como este sin peligro!”.
“¡Ah!”, dijo el cocodrilo. “Bueno, pues eso es fácil. Pareces un buen monito, así que me daría gusto ayudarte. Brinca a mi espalda. ¡Yo nadaré al otro lado del río y te dejaré en la orilla!”.
El mono hambriento nunca había oído una oferta tan tentadora. Felizmente le dio una vuelta a una rama del árbol y brincó al lomo del cocodrilo, quien lentamente empezó a nadar al otro lado del río. El mono tembló con emoción cuando vio los árboles llenos de fruta. Pero, de repente, el mono sintió cosquillas en los pies, ¡ya que estaban tocando el agua! Rápidamente, el agua subió a sus piernas y su panza. ¡El cocodrilo se estaba hundiendo!
“¡Señor Cocodrilo! Por favor, tenga cuidado. ¡Va a ahogarme!”, gritó el mono.
“¡Ja!”, se rió el cocodrilo, cerrando sus mandíbulas enormes. “¡Creíste que te llevaba al otro lado de pura bondad! Pues, estas mal. ¡La verdad es que mi hija hermosa quiere comerse tu corazón! Si la hubieras visto llorando esta mañana, seguramente tú también te hubieras sentido mal.”
“Pues, ¡qué bueno que me dijo!”, respondió el mono. Afortunadamente, él era un monito muy inteligente y pensaba rápido.
“Antes de que me ahogue, debería saber que yo nunca cargo mi corazón conmigo; eso sería muy peligroso. Si los monos brincaran por todos los árboles con nuestros corazones dentro de nosotros, ¡los romperíamos!”.
El cocodrilo salió del agua de nuevo, sintiéndose contento de que todavía no había ahogado al mono. Como lo dije antes, él no era una criatura muy inteligente y no se daba cuenta que era un truco.
“Entonces, ¿en dónde guardas tu corazón?”, le preguntó el cocodrilo.
“¿Puedes ver ese montón de cosas redondas en ese árbol? Todos esos son nuestros corazones. Yo creo que están seguros a esa altura.”
La verdad es que era un árbol de ciruelas, ¡pero si parecían corazones de mono!
“Lléveme a la orilla del río,” dijo el mono. “Treparé al árbol y le aventaré mi corazón desde ahí. Estaré bien sin él.”
“¡Espléndido!”, dijo el cocodrilo y siguió nadando. Cuando llegaron a la orilla, el mono brincó del lomo del cocodrilo y rápidamente se columpio hasta el alto del árbol de ciruelas.
“¡Tu corazón, por favor!”, gritó el cocodrilo. “¿No ves que estoy esperando?”
“Bueno, ¡estará esperando un buen rato!”, respondió el mono. “¿Qué tipo de tonto cree que una criatura guarda su corazon en un árbol? Su cuerpo es grande, pero su inteligencia es muy pequeña. ¡Gracias por traerme!”.
El cocodrilo cerró sus mandíbulas en frustración y regresó a casa con su hija quejosa. Se sentía bastante tonto por que, pues… ¡Lo era! Y el monito inteligente, que ahora tenía un montón de árboles solamente para él, tuvo la mejor comida de su vida.
Gracias por escuchar “El cocodrilo y el mono”, leído por Daniel Fernando. Esta fue una grabación y traducción de LibraryCall.