Winnie-the-Pooh y las abejas
Audio Type:
story
Language:
English Title:
Winnie-the-Pooh and the Bees
Tags:
Audio File:
Duration:
11:14
Transcript:
Este cuento se llama Winnie-the-Pooh y las abejas, escrito por A.A. Milne, y leído por Lorena Romero. Esta es una adaptación y grabación de LibraryCall.
Hace muchísimo tiempo, más o menos el viernes pasado, había un osito llamado Winnie-the-Pooh que vivía solo en el bosque. Un día, cuando salió a caminar, llegó a un claro enorme y vacío. Y en el medio de ese lugar había un roble. Y del alto del árbol, oyó un zumbido fuerte.
Winnie-the-Pooh se sentó al pie del árbol con la cabeza entre las patas y se puso a pensar. Primero pensó:
“Ese zumbido significa algo. No existe un zumbido como ese– bzzzzz bzzzzzz– sin que signifique algo. Si hay un zumbido, es porque alguien está zumbando, y la única razón que yo conozco para zumbar es por qué eres una abeja.”
Pasó más y más tiempo pensando, y dijo:
"La única razón que se me ocurre para ser una abeja es para hacer miel".
Y entonces se levantó y declaró:
"Y la única razón para hacer miel es para que yo me la pueda comer".
Así que comenzó a escalar el árbol. Subió, subió y subió, y mientras subía, se cantó una cancioncita a sí mismo.
¿No es gracioso,
Cómo es que un oso
Ama a la miel,
Y a ella le es fiel?
Subió al árbol más ... y un poco más... y un poquito más alto. Para entonces, ya había inventado otra canción:
¿No es gracioso,
Si las abejas fueran osos
Guardarían su miel
Bajo árboles maravillosos?
Ahora tu refleja,
Si los osos fueran abejas
No tendría que ir para arriba
Y la miel ya sería mía.
En ese momento, ya se sentía bastante cansado, así que la canción siguiente fue una de puras quejas. Pero ya casi llegaba al nido. Seguramente podía detenerse en esa rama, solo por un momento...
¡Crac!
"¡Ayuda!", dijo Pooh, cayéndose tres metros a la rama debajo de él.
"Si no hubiera…" trató de decir, rebotando seis metros más hacia la rama de abajo.
"Lo que quería hacer era", trató de explicar, estrellándose contra otra rama diez metros más abajo.
"Lo que quería hacer era— es cierto que——", trató de admitir, cayendo rápidamente por seis ramas más.
"Todo es porque, supongo…", decidió, despidiéndose de la última rama y aterrizando con gracia en un rosal.
"Todo es porque amo tanto a la miel. ¡Ay, alguien ayúdeme!".
Pooh se arrastró fuera del rosal, se quitó las espinas de la nariz y se puso a pensar de nuevo. Y la primera persona en la que pensó fue su amigo Christopher Robin, un niño de más o menos seis años. Entonces, Pooh fue a visitar a su amigo que vivía detrás de una puerta verde en otra parte del bosque.
"Buenos días, Christopher Robin", dijo.
"Buenos días, Winnie-the-Pooh", respondió el niño.
"¿Tienes un globo?", le preguntó el oso.
"¿Un globo?".
“Sí, en el camino, pensé: 'Me pregunto si Christopher Robin tiene un globo.' Eso es lo que me dije a mí mismo, pensando en globos y todo…".
"¿Para qué quieres un globo?".
Winnie-the-Pooh miró a su alrededor para asegurarse de que nadie estuviese escuchando. Puso su pata sobre la boca y susurró: "¡Miel!".
"¡Pero no puedes obtener miel con un globo!".
"Yo sí", respondió Pooh.
Bueno, de pura coincidencia, Christopher Robin había ido a una fiesta en la casa de Piglet el día de antes, en la que había habido globos. Christopher Robin se había quedado con un globo verde, y uno de los parientes de Conejo había escogido uno azul, pero se le olvidó llevárselo. Entonces, Christopher Robin se había llevado a casa los dos– el globo verde y el globo azul.
"¿Cuál prefieres?", le preguntó el niño a Pooh. El oso puso su cabeza entre las patas y pensó cuidadosamente.
"Bueno", respondió Pooh, "cuando vas a por miel con un globo, lo más importante es que las abejas no te vean venir. Si tienes un globo verde, las abejas podrían pensar que eres parte del árbol, y no te notarán. Y si tienes un globo azul, podrían pensar que eres parte del cielo, y no te notarán. La cuestión es: ¿Cuál es mejor?"
"¿No crees que te verían a ti debajo del globo?", preguntó Christopher Robin.
"Tal vez, tal vez no", dijo Winnie-the-Pooh. "Nunca se sabe con las abejas".
Pensó un momento y dijo: "Intentaré disfrazarme como una nube gris. Eso las engañará".
"Entonces será mejor que elijas el globo azul", dijo Christopher Robin, y así se decidió. Los dos salieron con el globo azul, y Christopher Robin se llevó su resortera como siempre, por si acaso. Winnie-the-Pooh fue a un charco que él conocía y rodó y rodó en él hasta cubrirse completamente en lodo. Y luego, cuando inflaron el globo lo más que pudieron, Pooh subió y subió, flotando con gracia hasta que llegó al alto del árbol.
"¡Muy bien!", gritó Christopher Robin.
"¿No es maravilloso?", gritó Winnie-the-Pooh. "¿Cómo me veo?"
"Te ves como un oso agarrando un globo", dijo Christopher Robin.
"¿Seguro?", preguntó Pooh con ansiedad. "¿No me veo como una nube gris en el cielo azul?"
"Casi no".
"Bueno, tal vez desde aquí arriba se vea diferente. Y, como dije, con las abejas nunca se sabe".
No había viento que lo empujara hacia el nido de las abejas, así que ahí se quedó. Podía ver la miel, y podía oler la miel, pero no podía alcanzar la miel. Después de un rato, susurró y gritó al mismo tiempo:
"¡Christopher Robin!".
"¿Qué?".
"¡Creo que las abejas sospechan algo!".
"¿Algo de qué?".
"No sé. ¡Pero algo me dice que sospechan!".
"Tal vez piensan que quieres robarte su miel".
"Puede ser. Con las abejas nunca se sabe".
Después de otro momento de silencio breve, Pooh volvió a gritar un susurro:
"¡Christopher Robin!".
"Dime".
"¿Tienes un paraguas en tu casa?".
"Creo que sí".
“Me gustaría que lo trajeras aquí, para que camines de un lado a otro diciendo ‘Vaya, vaya, parece que va a llover'. Creo que si hicieras eso, engañaríamos a las abejas".
Christopher Robin se rió a sí mismo, "¡Qué oso tan absurdo!". Pero no lo dijo en voz alta, porque quería mucho a Winnie-the-Pooh. Fue a su casa a buscar el paraguas.
"¡Ay, ahí estás!", gritó Pooh, tan pronto regresó Christopher Robin. "Ya me estaban dando nervios. Descubrí que las abejas ahora definitivamente están sospechosas".
"¿Quieres que abra el paraguas?", preguntó Christopher Robin.
"Sí, pero espera un momento. Debemos ser prácticos. Lo importante es engañar a la abeja reina. ¿Puedes ver cuál es la abeja reina desde ahí?"
"No."
“Qué lástima. Bueno, de todas maneras, si te paseas de un lado al otro con el paraguas, diciendo: 'Vaya, vaya, parece que va a llover', yo cantaré una cancioncita de nubes que cualquier nube cantaría”.
Entonces, mientras Christopher Robin se paseaba de un lado al otro con el paraguas, Winnie-the-Pooh cantó una canción:
Solo soy una nube,
Que no come miel.
Como no soy un osito,
¡Picarme sería cruel!
Las abejas seguían zumbando tan sospechosamente como siempre. Algunas incluso dejaron sus nidos y volaron alrededor de la nube mientras ella cantaba el segundo verso de su canción. Una abeja hasta se detuvo en la nariz de la nube por un momento, y luego se marchó.
"Christopher—ay!—Robin," gritó la nube.
“¿Sí?”
“He estado pensando y – ay! – llegué a una conclusión muy importante: Estas no son el tipo correcto de abejas.”
“¿No?”
"No. Así que no creo que estas abejas hagan el tipo correcto de miel. ¿Tú qué crees?"
“Lo que tú digas”.
"Creo que lo mejor será que me baje".
"¿Cómo?", preguntó Christopher Robin.
Winnie-the-Pooh no había pensado en eso. Si soltaba la cuerda, se caería de un golpe y esa idea no le gustaba mucho. Así que pensó un buen rato, y luego dijo:
"Christopher Robin, debes dispararle al globo con tu resortera. ¿Tienes una piedra que puedas lanzar?".
"Por supuesto que sí", dijo Christopher Robin. "Pero si hago eso, dañaré al globo".
"Pero si no lo haces", dijo Pooh, "tendré que soltar la cuerda, y me dañaré yo".
Cuando lo puso así, Christopher Robin sabía lo que debía hacer, así que apuntó su resortera hacia el globo con mucho cuidado, estiró la banda elástica … y disparó la piedra.
"¡Ay!", dijo Pooh.
“¿Fallé?”, preguntó Christopher Robin.
"No fallaste exactamente", dijo Pooh, "pero no le diste al globo".
"Discúlpame", dijo Christopher Robin, y lo intentó de nuevo, esta vez raspando el lado del globo con la piedra. El aire se le empezó a salir lentamente, y Winnie-the-Pooh bajó despacito hasta el suelo. Los brazos de Winnie-the-Pooh estaban rígidos por haber estado agarrando la cuerda del globo durante todo ese tiempo, tanto que no pudo bajarlos por una semana entera. Y cada vez que una mosca se le paraba en la nariz, tenía que soplarla con un "¡pu!". Y creo, pero no estoy segura, que por eso le decían “Winnie-the-Pooh”.
Gracias por escuchar Winnie-the-Pooh y las abejas, escrito por A.A. Milne, y leído por Lorena Romero. Esta fue una adaptación y grabación de LibraryCall.